dijous, 13 de febrer de 2014

Vaivenes

Te miro.
Como mira un árbol una de sus hojas caer.
Como el universo mira apagarse una estrella.
Te miro.
Y me maravillan tus movimientos,
tus paisajes, tus colores.
A veces,
siento que mi mirada te condiciona,
y entorno los ojos, 
como quién mira a un gran sol.
A veces,
me deleito viendo las nubes que surcan tu cielo,
los pájaros que vuelan en él,
o tus volcanes en erupción.
Te siento.
Y no necesito buscar palabras para describirlo,
prefiero el silencio,  
a cualquier distorsión que pueda interferir
en la contemplación del milagro que es verte.
Aquí,
desde este lugar fuera del mundo,
donde tiempo y espacio no existen,
o sí, pero no importan.
Donde las formas son simples objetos,
las emociones juguetes del ego,
los pensamientos cometas al viento,
y el amor, el único valor,
imposible de cuantificar.
Aquí,
donde sólo oigo latidos,
donde basta amar, para comprender.
Aquí quiero quedarme,
eternamente.

Qué curioso es,
no obstante,
ser consciente,
que cuando digo eso,
es,
naturalmente,
porque ya no estoy ahí.
Mi vida siempre ha sido así.
Un constante devenir;
un incesante deambular
entre el amor y el deseo.