Me pierdo en un bosque de sangre buscando mi razón Susurrantes voces y agudos gritos acuden a mí para pedirme ayuda. Cada vez son más las heridas, mi piel se tiñe de carmesí. Poco a poco el alma abandona el cuerpo entre llantos fingidos y falta tristeza despidiéndose de la ingrata compañía que día a día acompaña al corazón. Pero por la noche sale otro sol, mi sol de soledad, los fuertes brazos, la sabia experiencia que tiende sus gastadas manos como última salvación.
El alma se aferra a ellas, pierde toda su fuerza. Mientras, el cuerpo malgasta toda su pasión intentando reconfortarse en fríos cuerpos, superficiales sonrisas y miradas perdidas. Y desde el más allá veo caer una lágrima. Lágrimas por todo el tiempo perdido, por toda su vida perdida, por toda su vida malgastada, por todo su vivir por estar allí. Pero por la noche sale otro sol, mi sol de soledad, los fuertes brazos, la sabia experiencia que tiende sus gastadas manos como última salvación. Y esta vez no me acompañarán, no me despediré, no buscaré. Sólo encontraré.
8 de julio de 2009
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